Toda persona siempre tiene algo de bueno, algo positivo de lo cuál podemos aprender. Por tanto no podemos hablar de buenas o malas personas sino de actos bien o mal orientados. No se juzga a la persona, se juzga el acto que comete.
El mal no es un lugar perdido entre el espacio y el tiempo y del cuál se nutren los corruptos o quienes suelen cometer sistemáticamente actos escabrosos que denigran la dignidad humana. El mal nace en el corazón de la persona y no porque ésta sea mala… sino porque consiente ejecutar intenciones que se desvían de su verdadero fin.
La ética es el arte de hacer lo correcto y ello no es una tarea sencilla ni mucho menos un curso que se pueda enseñar sino un estilo coherente de vida centrado en la trascendencia.
La ética no se enseña, se aprende… y la mejor forma de aprenderla es actuando bien, propiciando un aprendizaje del ensayo y error, puliendo las aristas en nuestro devenir existencial.Algunos piensan que basta con no hacerle daño a alguien para considerarse “buenas personas”.. LO QUE IMPORTA, ES REFLEXIONAR SI CON MI ACTUAR… CONTRIBUYO EFICAZMENTE, A QUE LOS DEMAS TAMBIEN LO SEAN.
-Todos, tenemos una conciencia ética que nos dictamina la moralidad de nuestros actos con un sentido moral lógico. Momentos antes de ejecutar la acción CASI SIEMPRE NOS ENCONTRAREMOS CON UN DILEMA SOBRE SI HACERLO BIEN O MAL, con mejor o peor gana, con buena o mala intención, a favor o en contra de nuestra voluntad.
Y siempre sucede que SI DECIDIMOS LO BUENO, A PESAR DE NO OBTENER BIENES, somos gratificados con una paz interior y una satisfacción de haber hecho bien las cosas… esta felicidad, producto de haber actuado bien no tiene precio, no se puede comprar con el dinero de la corrupción.
Lo peor será que alguien actúe de forma calculadora y fría, midiendo recompensas materiales o ajustando una determinada situación a sus intereses.
NO IMPORTA CUANTO SE GANA… SINO COMO SE SIRVE MEJOR A LOS DEMAS.
-No hay que actuar bien porque alguien me lo dice o porque existe una norma autoritaria que me lo dictamina; sino, porque estoy convencido que es la única forma de demostrar amor hacia mi y los demás, no sólo vale la pena, sino que genera alegría sincera y espontánea… Somos seres humanos y nos podemos equivocar.
Lo importante no es bajar la cabeza cuando esto suceda sino volver la frente en alto, para reconocer con humildad nuestros errores… y empezar de nuevo.
No estamos solos en la vida, vivimos rodeados de personas. Y ellas, al igual que nosotros, necesitan amor. Sólo actuando bien contribuiremos a facilitarles a los demás, para que tenga sentido el amor y la solidaridad.
Tampoco nos quedemos anclados en las buenas intenciones PARA EL AÑO VENIDERO 2008, la sociedad necesita personas con alta valentía moral que apuesten por actuar bien desde la función que les corresponde.
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